Ya madrugada del martes en Albatera, justo a la conclusión del acto mayor de las fiestas patronales en la plaza principal del pueblo. Temperatura por encima de los 30° y noche en la calle tremendamente húmeda. Aunque el público que decidió quedarse en la rotonda y trasnochar no era numeroso, se respiraba el ambiente de las grandes ocasiones y recordaba a veces aquellos memorables conciertos de hace años en los que un puñado de incondicionales acudían con devoción de fan para ver y oír de cerca a sus ídolos del momento, a menudo recién llegados de Inglaterra o USA y cuyas canciones nos sabíamos de memoria gracias a la FM local o a discos de segunda mano comprados en el Rastro madrileño por dos duros.
La banda alicantina no defraudó en absoluto las expectativas y volvió a mostrarse como una de las  comparecencias más estimulantes de los últimos tiempos. El ritmo hipnótico impuesto por la batería de Tomás Serna marcó la pauta desde el primer instante y sobre él comenzaron a flotar las bellas y peculiares voces de Javier y Alfred, arropadas por el virtuosismo de Fito Galiana a la guitarra y del fascinante mago Miguel Angel Fernández con los deliciosos sonidos retro de sus teclados. Equilibrados como siempre, a ratos elegantes y en otras ocasiones muy enérgicos, con sus guiños habituales al rock clásico de los 60 y al pop aterciopelado de los 80, el evangelio de la banda fue sonando de manera gozosa tema tras tema, a la manera de una reconcentrada sopa melódica impactante y poderosa. Los asistentes se mostraban gratamente pasmados ante la solvencia del quinteto, recordando un disco que en ocasiones hasta empalidece ante la exuberancia y el empaque de su directo. ¿Quinteto? ¡Sexteto! Porque ocasionalmente fueron apoyados por la leyenda británica country John Roche, mito instrumental de la guitarra pedal steel que disfruta ahora de su retiro dorado en la costa alicantina.
Esta vez acabaron con dos rotundos bises, el “Runaway” de Del Shannon y la repetición de su single “With You”, para seguidamente desaparecer exhaustos. Como otras veces, The Hello Friends  abrumaron con una pericia instrumental que en algunos instantes rayó con la pura orfebrería. Una propuesta siempre  apasionante a cargo de una banda que no factura canciones al uso sino historias y desarrollos cercanos al placer mismo. Son para verlos una y otra vez.

Lorenzo de la Rica

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